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Acuicultura

El Niño y la sanidad del salmón en Chile: qué son los ciclos ENOS y por qué el mar cálido golpea a los centros de cultivo

Por Aquiles Conejeros, Médico Veterinario16 min de lectura
Ilustración de un centro de cultivo de salmones en el sur de Chile bajo el efecto del fenómeno El Niño

Resumen ejecutivo

El fenómeno El Niño, la fase cálida del ciclo climático ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), altera la oceanografía del sur de Chile de formas que inciden directamente en la sanidad de los salmónidos cultivados en el mar. El mecanismo no es un evento único, sino una cadena: el calentamiento superficial y el debilitamiento de la surgencia costera reducen el aporte de nutrientes, favorecen a los dinoflagelados y rafidofíceas por sobre las diatomeas, y con ello elevan el riesgo de floraciones algales nocivas (FAN). En paralelo, la temperatura por sí sola actúa como un multiplicador de dos de los principales desafíos sanitarios de la industria: acelera el ciclo de vida de *Caligus rogercresseyi* y se asocia a una mayor prevalencia de brotes de Piscirickettsiosis (SRS), al tiempo que predispone al pez a cuadros de enfermedad branquial multifactorial. Estos ciclos ocurren cada dos a siete años (en promedio cada tres a cuatro), son un fenómeno climático natural y no una consecuencia del cambio climático, pero existe evidencia de que el calentamiento global podría estar modulando su intensidad y frecuencia, aunque este punto no cuenta con consenso científico pleno. Una serie de tiempo chilena de doce años que comparó directamente años con y sin anomalía térmica de El Niño encontró que la especie tóxica *Alexandrium catenella* estuvo completamente ausente en los cinco años sin anomalía cálida, y presentó picos de hasta 702 células por mililitro en los años de El Niño. El artículo desarrolla cada uno de estos mecanismos con foco exclusivo en el impacto sanitario sobre peces en fase de mar.

Detalles adicionales del estudio

Campo Detalle
Fuente técnica principal Cassis D, Garcés-Vargas J, Godoy M, Suárez R, Caro D. El Niño 2026-2027: ¿Qué esperar en el sur de Chile y cómo llegar preparados? CIBA, AquaBC, Universidad Austral de Chile, Universidad San Sebastián. Mundo Acuícola, julio de 2026
Naturaleza de esa fuente Informe técnico elaborado por instituciones académicas y de investigación aplicada, difundido en un medio especializado de la industria. No es un artículo sometido a revisión por pares, aunque sus afirmaciones citan literatura peer-reviewed que se referencia por separado en este artículo cuando corresponde
Estudio sobre modulación climática de ENOS Cai W, Borlace S, Lengaigne M, van Rensch P, Collins M, Vecchi G, et al. Increasing frequency of extreme El Niño events due to greenhouse warming. Nature Climate Change. 2014;4:111-116. Revisado por pares
Síntesis de referencia sobre consenso de modelos IPCC. Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Contribución del Grupo de Trabajo I al Sexto Informe de Evaluación
Estudio sobre ecología de Heterosigma akashiwo Flores-Leñero A, Vargas-Torres V, Paredes-Mella J, Norambuena L, Fuenzalida G, Lee-Chang K, Mardones JI. Heterosigma akashiwo in Patagonian Fjords: Genetics, Growth, Pigment Signature and Role of PUFA and ROS in Ichthyotoxicity. Toxins. 2022;14(9):577. Revisado por pares, acceso abierto
Reconstrucción del evento FAN de 2016 León-Muñoz J, Urbina MA, Garreaud R, Iriarte JL. Hydroclimatic conditions trigger record harmful algal bloom in western Patagonia (summer 2016). Scientific Reports. 2018;8(1):1330. Revisado por pares
Serie de tiempo comparativa ENOS vs. abundancia de FAN Villanueva Sanhueza FA. Biogeografía y análisis retrospectivo de Alexandrium catenella (Dinoflagellata) en la zona austral de Chile. Tesis de Licenciatura en Biología Marina, Universidad Austral de Chile, 2005. Serie de tiempo 1993-2005 en estación fija, revisada por profesores patrocinantes, no publicada en journal con revisión por pares externa
Estudio de indicadores de alerta temprana en Caligus Quiñones RA, et al. Estudio de indicadores de alerta temprana (EWI) aplicados a series de tiempo de abundancia de Caligus rogercresseyi en el sur de Chile. Aquaculture, 2024. Revisado por pares
Fuentes de industria complementarias SeafoodSource, SalmonBusiness y abc-salmonicultura.cl, usadas para cifras de mercado y magnitud de pérdidas, no para afirmaciones de mecanismo biológico
Conflictos de interés No se identificaron conflictos de interés relevantes que condicionen las conclusiones sanitarias citadas en las fuentes académicas

Qué es El Niño y por qué existe una fase neutra

ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) es un patrón de variabilidad climática natural en el que el océano Pacífico tropical y la atmósfera actúan de forma acoplada. Tiene tres fases posibles, no dos: El Niño (fase cálida), La Niña (fase fría) y una fase neutra, que no es una anomalía sino la condición de línea base del sistema. En condiciones neutras, los vientos alisios soplan de forma relativamente estable de este a oeste a lo largo del Pacífico ecuatorial, sin la anomalía térmica que caracteriza a las otras dos fases.

La forma estándar de determinar en qué fase se encuentra el sistema es el ONI (Índice Oceánico de El Niño), la media móvil de tres meses de la anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial. Se declara un episodio de El Niño cuando ese índice supera +0,5 °C durante al menos cinco temporadas superpuestas consecutivas, y de forma simétrica un episodio de La Niña cuando cae por debajo de -0,5 °C. Fuera de esos umbrales, el sistema está en fase neutra, y esa condición no es infrecuente: reconstrucciones históricas del índice Niño 3.4 sitúan las condiciones neutrales en cerca de la mitad del tiempo, con El Niño ocurriendo aproximadamente en una quinta parte de los meses y La Niña en algo menos de un tercio.

Un dato metodológico relevante para cualquier lector que siga el monitoreo de ENOS: desde el 2 de febrero de 2026, la NOAA utiliza oficialmente un nuevo indicador, el RONI (Índice Relativo Oceánico de El Niño), que compara la anomalía de la región Niño 3.4 contra la temperatura media de todo el trópico global, en vez de contra un promedio histórico fijo de 30 años como hacía el ONI tradicional. El objetivo declarado del cambio es separar mejor la señal de ENOS del calentamiento de fondo del océano, aunque la reclasificación ha generado debate en la comunidad científica sobre cómo interpretar de forma retrospectiva algunos eventos históricos.

Cada cuánto ocurre El Niño

La transición entre las fases de ENOS no sigue un calendario fijo. Según la Organización Meteorológica Mundial, el ciclo completo entre fases opuestas ocurre con una frecuencia de entre dos y siete años, y el registro histórico sitúa el promedio en torno a tres a cuatro años entre episodios de El Niño. Cada fase, además, suele comenzar a desarrollarse entre marzo y junio y alcanzar su punto máximo entre noviembre y febrero, es decir, coincidiendo con el verano austral, la época de mayor riesgo productivo para la salmonicultura chilena por temperatura del agua.

Esta irregularidad importa para la gestión sanitaria: no es un evento que se pueda calendarizar con precisión de años de anticipación, aunque sí es monitoreable con meses de antelación gracias a los sistemas de pronóstico estacional actuales, que han mejorado sustancialmente desde que se estableció el seguimiento sistemático de ENOS en los años noventa. El evento El Niño 2026-2027, declarado oficialmente por la NOAA el 11 de junio de 2026, ilustra esa irregularidad: llegó relativamente pronto después del episodio El Niño de 2023-2024, un intervalo más corto que el promedio histórico de tres a cuatro años.

Chile bajo El Niño: qué cambia en el océano antes de llegar al pez

El efecto sanitario de El Niño en salmónidos no es directo, sino que pasa primero por una cadena de cambios oceanográficos. En Chile, El Niño se traduce en un aumento de la temperatura superficial del mar y de las precipitaciones desde la zona norte hasta el centro del país. En la costa, las aguas cálidas que trae El Niño desplazan la termoclina (el límite entre aguas cálidas superficiales y aguas frías profundas) hacia mayor profundidad, lo que frena los procesos de surgencia costera, es decir, el ascenso natural de aguas profundas frías y ricas en nutrientes hacia la superficie.

El resultado neto es una columna de agua más cálida, más estratificada (con capas que se mezclan menos entre sí) y con menor disponibilidad de nutrientes en la capa superficial donde ocurre la mayor parte de la actividad biológica. Esta combinación de temperatura, estratificación y escasez de nutrientes es la que después determina qué tipo de organismos prosperan en el agua, y ese punto es la puerta de entrada al problema sanitario más documentado de todos: las floraciones algales nocivas.

Floraciones algales nocivas: el vector sanitario mejor documentado

Las condiciones oceanográficas que trae El Niño no producen cualquier tipo de floración fitoplanctónica, sino que sesgan la comunidad hacia grupos específicos. El aumento de temperatura superficial, la mayor estratificación de la columna de agua y la disminución de las surgencias costeras reducen la disponibilidad de nutrientes en la capa superficial, y estas condiciones favorecen el predominio de organismos flagelados (principalmente dinoflagelados y rafidofíceas) por sobre las diatomeas, que dominan en condiciones de surgencia activa. Este desplazamiento importa porque los grupos flagelados incluyen numerosas especies productoras de toxinas y compuestos irritantes, mientras que las diatomeas son en general menos problemáticas para la salmonicultura.

El caso histórico de referencia es el verano de 2016, coincidente con uno de los eventos El Niño más extremos registrados junto al de 1997-1998. Altas y persistentes densidades de Pseudochattonella cf. verruculosa y Alexandrium en el sur de Chile provocaron la mortalidad de 27 millones de salmones y truchas (unas 39.000 toneladas), equivalentes al 14% de la biomasa en cultivo ese año, con pérdidas económicas estimadas en torno a los 800 millones de dólares. La reconstrucción mecanística de ese evento muestra cómo se encadenaron los factores: la sequía asociada a El Niño redujo drásticamente el caudal de ríos como el Puelo, que normalmente aporta agua dulce a los fiordos patagónicos y mantiene una estratificación halina (por salinidad) que actúa como barrera natural frente a la mezcla con aguas profundas. Al colapsar esa barrera de agua dulce, se facilitó la intrusión de aguas densas, salinas y ricas en nutrientes desde capas profundas hacia la superficie, mientras la fuerte insolación (sin nubosidad que la atenuara) calentaba esa capa superficial hasta 15-16 °C, temperaturas inusuales para la zona. Esa combinación de nutrientes recién disponibles, temperatura elevada y ausencia de mezcla vertical creó condiciones excepcionalmente favorables para la floración.

Alexandrium catenella, el dinoflagelado responsable del veneno paralizante de los mariscos, ejemplifica además cómo El Niño puede expandir el rango geográfico de una especie: durante el evento de 1997-1998 amplió su distribución hacia zonas donde antes no se registraba, y durante el evento extremo de 2016 alcanzó una distribución sin precedentes, extendiéndose desde Aysén hasta cercanías de Concepción. Otro caso es Pseudochattonella spp., detectada en floraciones limitadas y acotadas desde 2004, que en 2016 presentó una floración de abundancia extrema, de hasta 27.000 células por mililitro, con mortalidades masivas concentradas en la Región de Los Lagos.

Una medición directa: qué muestra una serie de tiempo de doce años comparando fases. Más allá de la asociación general entre temperatura y FAN, existe un registro chileno que permite una comparación año a año entre fases cálidas y frías. Entre 1993 y 2005, una estación fija de monitoreo en el seno Aysén (“Nueva Hammerfest”) registró de forma sistemática, cada quince días, la presencia y abundancia de Alexandrium catenella en el plancton, junto con la temperatura superficial del mar (Villanueva Sanhueza, 2005). El contraste entre años es marcado. En los años con anomalía térmica positiva asociada a El Niño (1994-1995, 1997-1998 y 2002), la especie tóxica se registró de forma consistente, con picos de abundancia de 216 células por mililitro en octubre de 1994, 549 en diciembre de 1995, 702 en febrero de 1997 (el máximo de toda la serie) y 585 en marzo de 2002. En los años sin anomalía cálida o con anomalía fría (1996, 2000, 2001, 2003 y 2004), la especie estuvo completamente ausente de las muestras: cero registros en cada uno de esos cinco años. El propio estudio lo resume de forma directa: cuando se presentó La Niña, la especie no fue observada o se presentó con abundancia relativa baja. Sobre la serie completa, los años con abundancia relativa promedio más alta (1997, con índice 3,5, y 1998, con índice 4,5, en una escala de 0 a 5) correspondieron a la ventana del episodio El Niño 1997-1998, uno de los más intensos del siglo.

Conviene precisar los límites de este dato antes de generalizarlo. Es un registro de una sola estación fija, en un solo fiordo, con metodología de una tesis de licenciatura y no de un estudio publicado en una revista con revisión por pares externa, aunque sus resultados son consistentes con los de monitoreos paralelos de mayor escala en la XII Región (Guzmán et al., 2002). Ese mismo trabajo de referencia, además, introduce una nota de cautela que vale la pena conservar: sus propios autores señalan que no se dispone de evidencia suficiente para sostener como probada la hipótesis de que el inicio, mantenimiento y duración de las floraciones de A. catenella sean consecuencia directa de las teleconexiones de El Niño, y no de una combinación de factores oceanográficos locales que simplemente tienden a coincidir con esos eventos. La asociación estadística entre año cálido y presencia de la especie es consistente y bien documentada; la cadena causal completa, en cambio, sigue siendo objeto de investigación.

Un segundo dato duro, esta vez sobre Caligus. La aceleración del ciclo de vida de Caligus rogercresseyi con la temperatura, descrita más adelante en este artículo a partir de estudios de laboratorio, tiene también un correlato de campo directamente vinculado a un evento El Niño real. Un estudio que aplicó indicadores de alerta temprana (EWI, por su sigla en inglés) a series de tiempo de abundancia total de Caligus en una zona de alta infestación del sur de Chile logró detectar, con varios meses de anticipación, dos puntos de inflexión mayores en esas series: el primero coincidente con el evento El Niño de 2016, y el segundo con condiciones climático-oceanográficas anómalas de la primavera-verano 2019-2020 (Quiñones et al., 2024). Es decir, no se trata solo de que la temperatura acelere el parásito en el laboratorio, sino de que un evento El Niño real quedó marcado como un punto de quiebre estadísticamente detectable en el registro de campo de abundancia del parásito en centros de cultivo chilenos.

No toda floración algal nociva relevante para la salmonicultura chilena depende de El Niño de la misma manera. Heterosigma akashiwo, la rafidofícea responsable de eventos como el de 2021 en el fiordo Comau (cerca de 5.000 a 6.000 toneladas de salmón muertas), tiene una ecología distinta: estudios de laboratorio muestran que su tasa de crecimiento máxima ocurre a 17 °C y salinidad 35, pero su abundancia celular máxima se alcanza a 12 °C y salinidad 25, es decir, en condiciones más frías y con más agua dulce, más típicas de años lluviosos que de un El Niño clásico. Esto sugiere que el riesgo de FAN durante El Niño se concentra en especies de preferencia estuarina y estratificación térmica (como Alexandrium y Pseudochattonella), mientras que otras especies importantes del repertorio de FAN chileno responden a mecanismos distintos. Es un punto que conviene marcar como una distinción ecológica relevante y no como una regla absoluta, dado que la dinámica de floraciones depende de múltiples variables interactuando simultáneamente.

Enfermedad branquial: la vía fisiológica común

La branquia es mucho más que un órgano respiratorio en los salmónidos: concentra el intercambio gaseoso, la osmorregulación, la regulación ácido-base y la excreción de desechos nitrogenados. Por estar en contacto directo y permanente con el agua, censa de forma continua las condiciones del entorno y responde a estresores físicos (temperatura, sólidos suspendidos), químicos (gases, nutrientes) y biológicos (fito y zooplancton).

En el contexto de El Niño, la coincidencia de aguas más cálidas, mayor estratificación y mayor probabilidad de FAN configura un escenario particularmente propicio para cuadros branquiales. Las respuestas pueden ser agudas (minutos a horas, con aumento de mucosidad y focos hemorrágicos en los filamentos, verificables mediante un frotis fresco de branquia) o crónicas (días a meses, con engrosamiento de filamentos, hiperplasia y fusión lamelar, y en casos severos erosión y pérdida de continuidad del tejido). Con frecuencia ambos tipos de respuesta coexisten, y la histopatología puede detectar lesiones significativas en peces que no muestran signos macroscópicos evidentes, por lo que apoyarse solo en la inspección visual tiende a subestimar el problema.

Conviene ser preciso en un punto: la enfermedad branquial en el mar es un síndrome multifactorial, no una enfermedad de causa única. Los factores ambientales predisponen al tejido y abren la puerta a agentes infecciosos secundarios, y suele presentarse con mayor severidad en la segunda mitad del ciclo productivo, asociada a temperaturas más altas. El Niño no causa enfermedad branquial por sí solo, pero sí eleva sustancialmente la probabilidad de que confluyan los factores que la desencadenan.

A esto se suma un problema puramente fisiológico independiente de cualquier patógeno: el agua más cálida retiene menos oxígeno disuelto, justo cuando el pez eleva su demanda metabólica. El óptimo de crecimiento del salmón del Atlántico se sitúa entre 10,5 y 14 °C; por sobre ese rango la tasa metabólica se incrementa mientras el apetito y el crecimiento decaen, y los peces tienden a evitar activamente aguas superiores a 16 °C. Esta combinación de mayor demanda y menor disponibilidad de oxígeno limita el margen aeróbico y predispone a cuadros de estrés por hipoxia, particularmente en las horas de mayor temperatura o después de la alimentación.

Piscirickettsiosis (SRS): temperatura y eficacia antimicrobiana

La Piscirickettsiosis, causada por Piscirickettsia salmonis, es la principal causa de mortalidad infecciosa en salmón del Atlántico cultivado en Chile y el principal motor del uso de antibióticos en la industria. La temperatura del agua es uno de los principales determinantes de su prevalencia, y los eventos cálidos suelen coincidir con brotes de Piscirickettsiosis. Un punto operacionalmente relevante es que esa coincidencia no solo se traduce en más casos, sino en menor eficacia de los tratamientos antimicrobianos disponibles durante esas ventanas de temperatura elevada.

El mecanismo por el que la temperatura modula la prevalencia de SRS no está completamente resuelto y sigue siendo objeto de investigación activa; lo que sí está establecido es la asociación epidemiológica entre temperatura y brotes, documentada de forma consistente en la literatura chilena sobre la enfermedad.

Caligidosis: un parásito que corre más rápido con el calor

Caligus rogercresseyi, el principal ectoparásito de la salmonicultura chilena, tiene un ciclo de vida termodependiente. Las anomalías térmicas positivas acortan el tiempo de desarrollo de sus estadios larvales (de nauplio a copepódito infectante) y elevan su tasa metabólica, lo que se traduce en infestaciones más rápidas y de mayor intensidad. En términos concretos, un aumento de temperatura de aproximadamente 10 °C a 16-17 °C puede reducir el ciclo completo del parásito de unos 45 días a apenas 17 días. Más generaciones por temporada significan, además, mayor presencia de poblaciones mixtas con distinta tolerancia farmacológica, lo que complica el manejo de resistencia a los tratamientos antiparasitarios.

La Caligidosis no actúa de forma aislada: es uno de los mayores factores de riesgo de infecciones bacterianas secundarias durante el ciclo de cultivo en agua de mar, porque las lesiones cutáneas y la inmunosupresión que induce el parásito incrementan la susceptibilidad del hospedador a patógenos como Piscirickettsia salmonis, y esa coinfección eleva significativamente la mortalidad respecto a cualquiera de los dos problemas por separado. En un escenario de El Niño, donde ambos factores (temperatura elevada favoreciendo a Caligus y mayor prevalencia de SRS) se intensifican simultáneamente, el riesgo de coinfección no es la suma de dos riesgos independientes, sino un escenario donde cada uno amplifica al otro.

El cambio climático como modulador: qué dice la evidencia y qué no

Es necesario separar con precisión dos preguntas distintas, porque suelen confundirse en la conversación pública: si El Niño es causado por el cambio climático, y si el cambio climático está modificando el comportamiento de El Niño. La respuesta a la primera es no: ENOS es una oscilación natural del sistema océano-atmósfera documentada en reconstrucciones que se remontan a más de un siglo, muy anterior a cualquier influencia industrial significativa sobre el clima. La segunda pregunta es la que tiene evidencia científica activa, aunque con matices importantes.

El estudio de referencia sobre este punto es el de Cai et al. (2014), publicado en Nature Climate Change, que utilizó veinte modelos climáticos globales para proyectar cambios en el comportamiento de El Niño ante el forzamiento por gases de efecto invernadero durante los próximos cien años. El hallazgo central fue una duplicación proyectada en la frecuencia de eventos El Niño extremos (del tipo de 1982-1983 o 1997-1998), pasando de ocurrir aproximadamente una vez cada veinte años a una vez cada diez, como consecuencia de un calentamiento superficial más rápido en el Pacífico ecuatorial oriental que en las aguas circundantes, lo que facilita las condiciones atmosféricas de convección necesarias para estos eventos.

Sin embargo, este resultado no debe presentarse como un consenso cerrado. El sexto informe de evaluación del IPCC (Grupo de Trabajo I, 2021) es explícito en su cautela: concluye que no existe consenso entre los modelos sobre un cambio sistemático en la amplitud de la variabilidad de temperatura superficial del mar asociada a ENOS durante el siglo XXI, en ninguno de los escenarios de emisiones evaluados. Esta aparente contradicción con Cai et al. (2014) refleja una limitación real de los modelos climáticos globales: la resolución espacial de muchos de ellos aún no captura con suficiente detalle los procesos de pequeña escala que gobiernan la dinámica de ENOS, y distintos estudios de modelación apuntan en direcciones distintas según los supuestos y la generación de modelos utilizada. En síntesis, hay evidencia seria de que el calentamiento global podría intensificar la frecuencia de eventos extremos, pero no hay certeza establecida sobre esa proyección, y presentarla como un hecho consumado sería sobreinterpretar la literatura disponible.

Lo que sí es un dato observacional, no una proyección de modelo, es que el evento El Niño 2026-2027 llegó de forma inusualmente próxima al episodio anterior de 2023-2024, y los pronósticos estacionales de mediados de 2026 apuntaban a una probabilidad considerable de que alcanzara una intensidad muy fuerte hacia el verano austral.

Interpretación Evidencia Vet

De la evidencia reunida se desprenden tres observaciones, y un límite que conviene declarar con claridad.

La primera es que el impacto sanitario de El Niño sobre la salmonicultura chilena no depende de un mecanismo único, sino de la coincidencia temporal de varios: el mismo pulso de calor que favorece a las especies de FAN más nocivas es el que acelera el ciclo de Caligus, reduce la disponibilidad de oxígeno disuelto y se asocia a mayor prevalencia de SRS. Tratar estos fenómenos como problemas independientes en la planificación sanitaria subestima el riesgo real, porque durante un evento El Niño intenso no se suman probabilidades de eventos aislados, se multiplican condiciones que se refuerzan entre sí.

La segunda es que ENOS es un ciclo natural, no una manifestación del cambio climático; lo que sí tiene sustento, aunque no consenso pleno, es que el calentamiento global podría modular su frecuencia e intensidad. Cai et al. (2014) proyectan una duplicación de eventos extremos, pero el IPCC AR6 no encuentra consenso de modelos sobre un cambio sistemático de amplitud: es hipótesis con respaldo, no certeza.

La tercera es que el informe de CIBA, AquaBC, la Universidad Austral de Chile y la Universidad San Sebastián, columna vertebral de este artículo, es un documento técnico serio pero sin revisión por pares. Sus afirmaciones sobre mecanismos (FAN, SRS, Caligus, branquia) se apoyan en literatura peer-reviewed citada aparte, lo que las respalda; sus proyecciones sobre la intensidad del evento 2026-2027 son pronósticos estacionales, sujetos a revisión, y no merecen el mismo nivel de certeza.

Sobre la pregunta específica de si existe medición directa, no solo asociación teórica, entre fase neutra y fase El Niño: sí existe, aunque acotada. La serie de tiempo de doce años en el seno Aysén (Villanueva Sanhueza, 2005) es el ejemplo más claro disponible en la literatura chilena consultada: en los cinco años sin anomalía cálida de la serie, la especie tóxica registró cero apariciones; en los años de El Niño, se registraron picos de cientos de células por mililitro. Es una comparación real, no una extrapolación de laboratorio. Pero es importante no forzar esa comparación más allá de lo que permite: es una sola estación, un solo fiordo, y los propios investigadores de referencia en el tema (Guzmán et al., 2002) advierten que la evidencia disponible no basta para probar una cadena causal completa entre la teleconexión de El Niño y el inicio de cada floración específica, a diferencia de la asociación estadística entre año cálido y presencia de la especie, que sí está bien documentada. El caso de Caligus con datos de campo (Quiñones et al., 2024) es más acotado aún, limitado a identificar el evento 2016 como un punto de inflexión detectable, no a cuantificar cuánto más abundante fue el parásito en términos absolutos frente a un año neutro comparable.

Corresponde declarar el límite de esta síntesis: no se identificó, en la literatura consultada, un estudio chileno que cuantifique de forma agregada el impacto económico y sanitario conjunto de El Niño sobre la salmonicultura nacional a través de sus distintas vías (FAN, SRS, Caligus, branquia) en un mismo marco analítico, ni un estudio que compare de forma directa y con el mismo diseño metodológico la prevalencia de SRS o la carga de Caligus en años de fase neutra versus años de El Niño (la evidencia sobre esos dos patógenos proviene de mecanismos fisiológicos y de asociaciones epidemiológicas generales con temperatura, no de una comparación explícita entre fases ENOS con datos pareados). Lo disponible es evidencia sólida por mecanismo individual, con al menos dos mediciones directas de campo para FAN y Caligus, pero no una estimación integrada del riesgo total. Construir esa estimación agregada es, en rigor, una tarea pendiente para la investigación aplicada del sector.

Conclusión

El Niño no es un evento aislado que golpea a la salmonicultura chilena por un solo mecanismo, sino un reordenamiento oceanográfico completo que actúa sobre múltiples frentes sanitarios a la vez: favorece a las especies de fitoplancton con mayor potencial nocivo, predispone al tejido branquial mediante hipoxia y estrés térmico, acelera el ciclo de vida de Caligus y se asocia a mayor prevalencia y menor tratabilidad de la Piscirickettsiosis. Comprender esta cadena de mecanismos, y no solo memorizar la lista de sus consecuencias, es lo que permite anticipar medidas de manejo específicas en vez de reaccionar genéricamente ante cada evento. Los ciclos ENOS son un fenómeno climático natural con una periodicidad irregular de dos a siete años, y aunque la evidencia sobre si el cambio climático está intensificando su frecuencia o intensidad todavía no alcanza consenso pleno, la tendencia observacional reciente y los estudios de modelación disponibles son motivo suficiente para que la industria trate el riesgo de El Niño como una variable estructural de la planificación sanitaria, no como una contingencia excepcional.

Puntos clave

  • ENOS tiene tres fases (El Niño, La Niña, neutra); la fase neutra ocurre en cerca de la mitad del tiempo histórico y no es una anomalía.
  • El Niño llega a Chile en promedio cada tres a cuatro años (rango histórico de dos a siete), sin un calendario fijo.
  • El mecanismo sanitario central pasa por el debilitamiento de la surgencia costera, que favorece a dinoflagelados y rafidofíceas productores de toxinas por sobre diatomeas.
  • El evento de 2016, coincidente con un El Niño extremo, causó la mortalidad de 27 millones de salmones y truchas y pérdidas cercanas a 800 millones de dólares.
  • En una serie de tiempo de doce años en el seno Aysén, Alexandrium catenella estuvo ausente en los cinco años sin anomalía térmica cálida, y alcanzó picos de hasta 702 células por mililitro en años de El Niño (Villanueva Sanhueza, 2005).
  • Un estudio de indicadores de alerta temprana detectó el evento El Niño 2016 como un punto de inflexión estadísticamente marcado en la abundancia de campo de Caligus rogercresseyi en el sur de Chile (Quiñones et al., 2024).
  • La temperatura eleva la prevalencia de Piscirickettsiosis y reduce la eficacia de sus tratamientos antimicrobianos.
  • El ciclo de vida de Caligus rogercresseyi puede acortarse de 45 a 17 días con el aumento de temperatura, multiplicando el número de generaciones por temporada.
  • La coinfección Caligus-SRS no es aditiva: cada patógeno amplifica el riesgo del otro.
  • Cai et al. (2014) proyectan una duplicación en la frecuencia de eventos El Niño extremos bajo calentamiento global, pero el IPCC AR6 no encuentra consenso de modelos sobre este punto; la evidencia es seria pero no concluyente.

Referencias

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  21. SeafoodSource. Chilean salmon sector prepares for El Niño-related disruptions, 2026. [Fuente de industria].

¿Qué significa esto en terreno?

  • Reforzar el muestreo de fitoplancton en la columna de agua (al menos a 0, 5, 10 y 15 metros) con mayor frecuencia durante ventanas de alerta de El Niño, priorizando la identificación de especies de difícil reconocimiento.
  • Mantener operativos y calibrados los sistemas de monitoreo ambiental de oxígeno, salinidad, temperatura y clorofila en cada unidad de cultivo, integrados a sistemas de alerta temprana.
  • Diferenciar la respuesta de contingencia según la especie de FAN causante, dado que los sistemas de oxigenación son apropiados frente a floraciones de alta biomasa pero contraproducentes frente a especies productoras de especies reactivas de oxígeno como Pseudochattonella, donde pueden romper las células algales y liberar toxinas.
  • Integrar vigilancia de bienestar animal (branquias, piel, factor de condición) con herramientas de laboratorio de alta resolución (histopatología, hematología, bioquímica sanguínea, qPCR) como parte de un abordaje sanitario preventivo, no solo reactivo.
  • Anticipar la menor eficacia esperable de los tratamientos antimicrobianos contra SRS durante ventanas de temperatura elevada al planificar el manejo sanitario, en vez de mantener protocolos idénticos a los de temporadas frías.
  • Vigilar con especial atención los centros con historial de coinfección Caligus-SRS durante el ascenso térmico, dado que el riesgo de ambos problemas se intensifica de forma simultánea, no aditiva.

Cómo citar este resumen

Conejeros, A. (2026). El Niño y la sanidad del salmón en Chile: qué son los ciclos ENOS y por qué el mar cálido golpea a los centros de cultivo. Evidencia Vet. Recuperado de https://evidenciavet.cl/acuicultura/el-nino-sanidad-salmonicultura-chile/.

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