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Acuicultura

Tenacibaculosis y Caligus: por qué el método con que se despioja decide el riesgo bacteriano

Por Aquiles Conejeros, Médico Veterinario18 min de lectura
Ilustración de la barrera cutánea del salmón como punto de encuentro entre el parásito Caligus y la bacteria Tenacibaculum

Resumen ejecutivo

La Tenacibaculosis se consolidó como la segunda causa de mortalidad infecciosa en salmón del Atlántico cultivado en Chile, con cifras que pasaron de 28,5% de la mortalidad infecciosa en 2022 a 37,9% en 2023 y que en 2025 se situaron en 31,5%. La lectura habitual la trata como un problema bacteriano a resolver con antimicrobianos y, eventualmente, con una vacuna que todavía no existe en el mercado. La evidencia acumulada entre 2020 y 2026 apunta en otra dirección: el factor que determina cuándo y dónde aparece la enfermedad no es principalmente la presencia de la bacteria, que es un habitante común del ambiente marino, sino el estado de la barrera cutánea del pez. Y el principal evento que compromete esa barrera de forma programada y repetida durante el ciclo de mar es el tratamiento contra *Caligus rogercresseyi*. Noruega llegó a la misma conclusión por su propio camino con las úlceras de invierno asociadas a *Tenacibaculum finnmarkense*, y allí la respuesta tecnológica se orientó a desparasitar sin tocar al pez. El catastro comparativo de métodos no farmacológicos elaborado por el Instituto de Fomento Pesquero para la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura permite examinar esta cuestión con datos chilenos, y arroja un resultado que contradice un supuesto extendido en la industria: entre los métodos catalogados no se observa la disyuntiva esperada entre eficacia antiparasitaria y preservación de la barrera cutánea. El método con mayor eficacia registrada en Chile es también uno de los de menor daño documentado.

Detalles adicionales del estudio

Campo Detalle
Catastro comparativo de métodos González Gómez M, Solano Iguaran J, Pontigo Moenne-Loccoz F, Contreras Lynch S. Estado del arte de los métodos de tratamiento no farmacológicos para la Caligidosis, evaluación de sus ventajas y desventajas y sus posibles aplicaciones en Chile. Informe Final CUI 2020-39-DAC-9. Instituto de Fomento Pesquero para Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, enero de 2021. Informe técnico institucional del Estado, no sometido a revisión por pares externa. Sistematiza 69 publicaciones científicas y 118 patentes internacionales
Microbioma cutáneo bajo desafío Avendaño-Herrera R, Tralma L, Wicki H, Barrios-Henríquez F, Levipan HA. Skin-Mucus Prokaryote Community of Atlantic Salmon (Salmo salar) in Response to Bath Challenge With Tenacibaculum dicentrarchi. Journal of Fish Diseases. 2025;48:e14157. Revisado por pares
Primer reporte en peces silvestres Zinn K, et al. Tenacibaculosis en salmón Chinook silvestre capturado en Columbia Británica. Scientific Reports, julio de 2026. Revisado por pares. Existe versión preliminar previa en bioRxiv (2023) con datos parciales
Modelo experimental de infección Protocolo de infección por baño con T. dicentrarchi orientado a mortalidades objetivo. Aquaculture Reports, enero de 2026. Revisado por pares. Fuente de las cifras de mortalidad infecciosa 2022-2023 y de pérdidas económicas comparadas Noruega-Chile
Biología de la cicatrización cutánea Ruiz Daniels R, et al. Transcriptomic Characterization of Transitioning Cell Types in the Skin of Atlantic Salmon. BMC Biology, 2026. Universidad de Stirling. Revisado por pares
Diversidad antigénica del patógeno Esquema de genotipado por PCR multiplex basado en el clúster O-AGC, aplicado a 25 aislados de centros chilenos. Journal of Fish Diseases, 2025. Revisado por pares
Susceptibilidad antimicrobiana Irgang R, Mancilla M, Avendaño-Herrera R. Florfenicol and oxytetracycline susceptibility patterns in Chilean isolates of Tenacibaculum dicentrarchi. Journal of Fish Diseases, 2021. Revisado por pares. 54 aislados chilenos más cepa tipo CECT 7612T
Contrapunto sobre transmisión Nowlan JP, et al. Tenacibaculosis Caused by Tenacibaculum maritimum Is Not Transmitted From Atlantic Salmon to Canadian Chinook Salmon in a Cohabitation Model. Aquaculture Research, 2025. Revisado por pares
Cifras sanitarias oficiales Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura. Informe de Situación Sanitaria de la Salmonicultura, año 2025. Documento oficial de la autoridad sectorial
Limitación de acceso declarada De varias de las fuentes citadas se dispuso del resumen estructurado y de secciones publicadas en acceso abierto, no del texto completo. Las cifras y direcciones de efecto reproducidas corresponden a lo declarado en esos resúmenes. No se verificaron valores de p ni intervalos de confianza en los casos en que el texto completo no estuvo disponible

Una enfermedad que no se comporta como las demás

La Piscirickettsiosis, la anemia infecciosa del salmón o la necrosis pancreática infecciosa comparten una lógica epidemiológica familiar: hay un agente causal definido, hay transmisión, hay curvas de brote y hay, en distinto grado, herramientas de inmunoprofilaxis. La Tenacibaculosis se comporta de otro modo, y esa diferencia es la que explica por qué las estrategias de control diseñadas para las otras enfermedades rinden poco frente a esta.

El género Tenacibaculum agrupa cerca de cuarenta especies válidamente descritas, de las cuales solo nueve se asocian a enfermedad en peces. El resto son habitantes normales de la microbiota marina, frecuentemente asociados a organismos como medusas y posiblemente algas, a las que se adhieren mediante polisacáridos. En Chile se han identificado y confirmado al menos seis especies patógenas en centros marinos: T. dicentrarchi, que es el agente dominante, junto a T. maritimum, T. finnmarkense, T. ovolyticum, T. piscium y T. bernardetii. En noviembre de 2025 se sumó una séptima, T. salmonis, descrita a partir de una cepa aislada de branquia de un salmón del Atlántico de tres kilos muerto durante un brote en la Patagonia chilena en 2018.

Esa condición de habitante ambiental corriente cambia el problema de raíz. No se trata de impedir que la bacteria llegue al centro, porque ya está ahí. Se trata de entender qué condición del hospedador convierte una presencia ambiental rutinaria en una infección con lesiones ulcerativas, pérdida de tejido y, en casos avanzados, exposición de cartílago.

La barrera cutánea como variable determinante

La piel del salmón no es una cubierta pasiva. El mucus externo que la recubre se renueva de forma continua a partir de las células epidérmicas, lo que lo convierte en un microambiente dinámico cargado de sustancias inmunes que actúan como una de las principales barreras de defensa frente a la colonización microbiana.

Un estudio in vitro con cepas chilenas de T. dicentrarchi aporta un dato que conviene leer con atención: las cepas resultaron atraídas por el mucus del salmón del Atlántico con independencia del estado de salud del pez del que provenía ese mucus. Es decir, la atracción hacia el hospedador no requiere que el animal esté previamente enfermo o lesionado. Lo que la lesión aporta no es el estímulo de acercamiento, sino la vía de entrada.

El trabajo más informativo sobre lo que ocurre después es un desafío por baño con la cepa TdCh05 en smolts de salmón del Atlántico, con toma de muestras de mucus cutáneo a las dos horas y a los veintiún días posinfección, analizadas por secuenciación del gen 16S usando ADN y también ADN complementario. Los peces desafiados mostraron una caída significativa de la diversidad alfa del microbioma cutáneo, seguida de una recuperación a los veintiún días. Esa recuperación, sin embargo, no fue un retorno al punto de partida: a los veintiún días la comunidad presentaba mayor complejidad de interacciones entre taxones junto con inestabilidad comunitaria. El uso de ADN complementario permitió además distinguir presencia de actividad, y mostró que la actividad del microbioma asociado a la piel durante la progresión de la enfermedad estuvo impulsada principalmente por Tenacibaculum spp.

Los propios autores señalan que se requiere más investigación para aclarar el papel de otros componentes potencialmente activos de ese microbioma, mencionando específicamente a las Pseudomonadales. Corresponde señalar que este es un modelo de infección por baño en condiciones controladas, sin vector, y que la extrapolación a un centro de cultivo con presión parasitaria simultánea es una inferencia y no un hallazgo del estudio.

Qué evento compromete la barrera de forma programada

Si el estado de la barrera cutánea es la variable determinante, la pregunta operacional es qué la compromete. En la fase de mar de un centro chileno, la respuesta más previsible no es una tormenta, un ataque de lobo marino ni una floración algal, todos eventos posibles pero azarosos. Es el tratamiento antiparasitario.

La revisión internacional lo formula sin ambigüedad para el caso noruego: el aumento de las infestaciones por piojo de mar y los tratamientos asociados, particularmente los procedimientos operacionales estresantes como el despioje físico, que dañan la capa mucosa y la piel, pueden incrementar la susceptibilidad a las úlceras de invierno causadas por Tenacibaculum spp. La formulación es relevante porque no describe una coincidencia estadística sino una secuencia causal: manejo, daño mucosal, susceptibilidad.

Un registro de campo noruego ilustra la secuencia con una precisión inusual. En un centro donde se diagnosticó Tenacibaculosis por primera vez en septiembre de 2020, con el agente confirmado como T. finnmarkense por el Instituto Veterinario Noruego, las mortalidades de los peces limpiadores utilizados como control biológico del piojo se agrupaban en dos categorías principales: desarrollo de heridas por Tenacibaculosis y por manejo, y tratamientos mecánicos contra el piojo del salmón. El primer muestreo del estudio se realizó veintisiete días después de que los salmones de esa jaula fueran desparasitados mediante tecnología térmica. El detalle que merece atención es que el organismo que se incorpora al sistema para reducir la presión parasitaria termina afectado por la misma enfermedad bacteriana que el manejo antiparasitario favorece.

Existe además evidencia noruega que compara métodos entre sí para una bacteria distinta pero de lógica análoga. Un estudio sobre pasteurelosis en salmón del Atlántico, usando datos de desparasitación reportados obligatoriamente por los productores a la Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria, concluyó que el uso de desparasitación térmica y mecánica podría estar contribuyendo a mantener la situación de pasteurelosis en el oeste de Noruega, y que la desparasitación con agua dulce podría ser una alternativa favorable en ese aspecto. Es un antecedente sobre Pasteurella y no sobre Tenacibaculum, de modo que su traslado a Tenacibaculosis es una analogía razonable y no una conclusión establecida. Lo que sí establece es que la elección del método de desparasitación tiene consecuencias medibles sobre la carga de enfermedad bacteriana oportunista.

El catastro chileno y la disyuntiva que no aparece

En enero de 2021, el Instituto de Fomento Pesquero entregó a la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura un informe que sistematizó el estado del arte mundial de los métodos no farmacológicos contra la Caligidosis. El documento revisó 69 publicaciones científicas y 118 patentes, distribuidas por país de origen del estudio: Noruega con 36 publicaciones, Canadá y Escocia con 8 cada uno, Chile con 7, Irlanda con 3 y Estados Unidos con 1. Cerca del 81% de los antecedentes correspondió a experimentación realizada fuera de Chile.

El informe no fue elaborado con la Tenacibaculosis en mente. Su objetivo era evaluar alternativas al uso intensivo de antiparasitarios frente al problema de resistencia. Pero al registrar de forma sistemática, para cada método, tanto la eficacia de reducción de carga parasitaria como los efectos documentados sobre piel, aletas y ojos siguiendo los indicadores de bienestar de Noble et al. (2018) y SWIM 1.0, produjo exactamente la tabla que permite examinar la pregunta de este artículo.

Método Eficacia registrada Efecto documentado sobre la barrera cutánea
Baño con agua dulce 89,1% promedio en Chile, período 2016-2020, según cifras oficiales Sin efectos descritos sobre el bienestar en la literatura revisada. Mortalidad asociada de 0,18%
Peróxido de hidrógeno Hasta 100% de desprendimiento en ensayos chilenos a pequeña escala Los antecedentes revisados no evidenciaron efectos adversos sobre la piel. Mortalidad de salmón sobre 1,5 g/L en ensayos noruegos
Agua a alta presión 76,3% en Chile, período 2019-2020 Provoca alteración del bienestar de los peces tratados. Mortalidad hasta 0,6%
Tratamiento térmico con agua fría Reducción significativa solo en dos condiciones extremas de las evaluadas Afectó la condición de la piel, los ojos y la aleta caudal
Luz ultravioleta C Entre 50% y 99% de reducción en producción de copepoditos Aparición de cataratas, alteraciones en la piel y en el comportamiento
Peces limpiadores (róbalo, Chile) 93,6% en estanques con 10% de co-cultivo, pero 47,2% en jaulas a escala comercial Riesgo de introducir patógenos al centro. Requiere vigilancia sanitaria del pez limpiador
Ultrasonido Destrucción estructural de estadios tempranos, sin efecto sobre juveniles y adultos Estudio noruego observó mayor actividad natatoria, indicativa de estrés

El patrón que emerge merece ser explicitado porque contradice una intuición extendida. Cabe esperar que los métodos más agresivos sean también los más eficaces, y que reducir el daño al pez implique aceptar menor control parasitario. Los datos del catastro no muestran esa relación. El método con la eficacia promedio más alta registrada en condiciones reales de la industria chilena, el baño con agua dulce, es también el que no tiene efectos sobre bienestar descritos y el de menor mortalidad asociada. Los métodos que sí dañan la piel de forma documentada, el térmico y la luz ultravioleta C, no compensan ese costo con eficacias superiores.

Conviene declarar los límites de esta lectura, que es una inferencia propia a partir de los datos del informe y no una conclusión que el informe formule. Las eficacias comparadas provienen de fuentes heterogéneas: algunas son promedios de la industria nacional reportados a la autoridad, otras son resultados de ensayos experimentales a escala de estanque, y su comparabilidad directa es limitada. El propio informe advierte que la mayoría de los estudios revisados no incluía evaluación de indicadores de bienestar según el estándar de referencia, y que no fue posible encontrar información de bienestar de tipo ambiental para ninguno de los tratamientos. La ausencia de daño documentado no equivale a ausencia de daño.

También existe un dato que complica la lectura optimista del agua dulce. El mismo informe recoge que su suministro y traslado desde el lugar de origen es engorroso, requiere permisos especiales y consume tiempo, lo que constituye una restricción logística real. Y en materia de resistencia, se ha descrito que Lepeophtheirus salmonis puede recuperarse tras retornar al agua de mar, que los estadios juveniles pueden sobrevivir tratamientos de veinticuatro horas con agua dulce y que los copepoditos toleran salinidades bajas por períodos prolongados, lo que sugiere la posibilidad de seleccionar parásitos tolerantes a baja salinidad. La eficacia registrada hoy no garantiza la eficacia futura.

La ruta noruega: desparasitar sin manipular al pez

Frente al mismo problema, la industria noruega desarrolló una respuesta tecnológica orientada explícitamente a eliminar la manipulación. La desparasitación óptica utiliza visión computacional y algoritmos de detección de objetos para identificar piojos sobre peces que nadan libremente, y los elimina con un pulso láser dirigido. No es un tratamiento reactivo que se aplica cuando se supera un umbral, sino una medida de control continuo que reduce la abundancia parasitaria de forma permanente durante el ciclo.

La evidencia sobre su desempeño evolucionó de forma instructiva. Un ensayo temprano a escala comercial, publicado en 2020, no encontró diferencia en la densidad de infestación de estadios móviles entre jaulas con y sin nodos láser tras cincuenta y cuatro días de operación, y los autores subrayaron la importancia de validar las tecnologías antes de su despliegue masivo en la industria. Un análisis posterior, con datos de sitios comerciales noruegos correspondientes a 2023, encontró resultados distintos: los centros con desparasitación óptica requirieron menos semanas de tratamiento contra el piojo, presentaron una probabilidad semanal de tratar 50% menor, no mostraron abundancias parasitarias promedio más altas y utilizaron en promedio menos peces limpiadores.

La distinción importa para leer bien el resultado. La tecnología no aparece como más eficaz en reducir la carga parasitaria que las alternativas, sino como capaz de mantener la carga bajo control reduciendo a la mitad la necesidad de intervenir. Si la hipótesis central de este artículo es correcta, y el riesgo de Tenacibaculosis se concentra en los eventos de manipulación, entonces reducir a la mitad la frecuencia de esos eventos es precisamente el resultado sanitariamente relevante, con independencia de que la eficacia antiparasitaria puntual sea comparable a la de otros métodos.

Existe una restricción que impide trasladar esta conclusión a Chile sin validación local. Toda la evidencia sobre desparasitación óptica proviene de trabajo con Lepeophtheirus salmonis, el piojo del Atlántico Norte. Caligus rogercresseyi es una especie biológicamente distinta, con morfología, comportamiento de fijación y ciclo de vida propios. Un sistema de detección entrenado para reconocer un parásito no reconoce automáticamente al otro, y la eficacia del pulso dirigido depende de la posición de fijación y del tamaño del blanco. El informe del IFOP registra el láser dentro del listado de metodologías de control mencionadas para Chile, pero no aporta datos de eficacia nacional, lo que sugiere que en 2021 no existía experiencia local documentada.

Por qué no basta con esperar la vacuna

La ausencia de una vacuna comercial contra T. dicentrarchi obliga al uso de antibióticos para manejar las infecciones, y esa dependencia es el motor de una parte relevante del consumo antimicrobiano de la industria. Un prototipo vacunal chileno mostró resultados iniciales en 2026, pero el panorama de fondo justifica cautela más allá de ese ensayo puntual.

El obstáculo es la diversidad del patógeno. Un esquema de genotipado por PCR multiplex basado en variaciones del clúster génico del antígeno O identificó cuatro tipos antigénicos distintos dentro de T. dicentrarchi, designados Tipos 1 a 4, aplicados a veinticinco aislados de centros chilenos. La mayoría correspondió a los Tipos 1 y 3, con los Tipos 2 y 4 menos frecuentes. La comparación de genomas completos de ocho cepas chilenas mostró además que los aislados de salmón del Atlántico y de congrio colorado se separan en clústeres distintos, con repertorios génicos de virulencia diferentes, incluyendo genes asociados a mecanismos de adquisición de hierro, homeostasis de cobre, resistencia a tetraciclina y fluoroquinolonas, islas genómicas de patogenicidad y fagos. Una vacuna eficaz debe cubrir esa diversidad antigénica, y ese es un problema técnico de otro orden que el de generar protección frente a una cepa única.

En cuanto a la vía antimicrobiana, la situación chilena es por ahora favorable pero no holgada. El análisis de cincuenta y cuatro aislados chilenos determinó que, con excepción de uno, todos caen en la categoría de silvestres o wild-type, es decir, susceptibles a florfenicol y a oxitetraciclina, con valores de corte epidemiológicos de ≤4,0 µg/ml para florfenicol y ≤8,0 µg/ml para oxitetraciclina. El mismo trabajo propuso al organismo regulador internacional de pruebas de susceptibilidad que recomiende una temperatura de incubación de 18 °C específicamente para esta bacteria, y que se utilice Mueller Hinton diluido con suplemento de iones en vez del agar o caldo marino de uso común en laboratorios de servicio, lo que implica que parte de los resultados de susceptibilidad generados con la metodología habitual podrían no ser comparables. La tiamulina aparece como alternativa farmacológica, con un valor de corte epidemiológico de ≤1,0 µg/ml.

Una revisión reciente sobre uso de antibióticos en la salmonicultura chilena introduce una advertencia adicional que conviene registrar: la vigilancia sistemática de resistencia antimicrobiana para Tenacibaculum spp. sigue siendo limitada en Chile, y existen reportes de susceptibilidad reducida a antimicrobianos de uso frecuente que plantean inquietudes sobre fracasos terapéuticos no reconocidos como tales y sobre presión de selección continuada.

El problema dejó de estar contenido en las jaulas

En julio de 2026 se publicó el hallazgo que modifica el marco del problema. Investigadores de la Universidad de Columbia Británica, la Pacific Salmon Foundation y otras instituciones documentaron Tenacibaculosis en salmón Chinook silvestre capturado en el mar, en Barkley Sound, costa oeste de la isla de Vancouver. De noventa y nueve peces muestreados, un 16% presentó signos de la enfermedad, con alta mortalidad asociada, y el agente probable fue T. dicentrarchi, la misma especie dominante en Chile.

El estudio no fue diseñado para investigar enfermedad. El laboratorio muestreaba salmón Chinook silvestre en 2022 para un trabajo sobre el impacto de la pesca recreativa con captura y liberación cuando algunos peces comenzaron a desarrollar úlceras cutáneas y a morir de forma inesperada. El hallazgo es, por tanto, incidental, lo que refuerza su valor: no había sesgo de selección hacia peces enfermos.

Su implicancia regulatoria es directa en Canadá. La evaluación de riesgo vigente del Departamento de Pesca y Océanos para T. maritimum había concluido que estas bacterias difícilmente causan enfermedad en poblaciones de peces silvestres, y por esa razón no están reguladas en Columbia Británica como riesgo para el salmón del Pacífico silvestre. T. dicentrarchi ni siquiera está considerada en esa evaluación. El hallazgo aporta evidencia empírica que ese marco regulatorio no contempla.

Corresponde presentar también el dato que complica la lectura más directa de este hallazgo. Un ensayo de cohabitación publicado en 2025 expuso post-smolts de salmón del Atlántico a un aislado de T. maritimum de Columbia Británica y los cohabitó con salmón Chinook y coho durante cuarenta y un días. Los salmones del Atlántico expuestos desarrollaron morbilidad cercana al 95% y mortalidad sobre 35%, mientras que el coho cohabitante presentó 5% o menos de morbilidad y mortalidad, correspondiente a cuatro peces. Los cuatro coho afectados carecían de grasa visceral, una condición no asociada a Tenacibaculosis, lo que llevó a los autores a concluir que bajo las condiciones evaluadas el salmón del Pacífico difícilmente desarrolla la enfermedad por transmisión horizontal interespecífica desde salmón del Atlántico con mouthrot, y que una condición corporal comprometida podría ser requisito para el desarrollo de la enfermedad. La presencia de T. maritimum por sí sola no bastó.

Las dos piezas son compatibles si se las lee en conjunto y no como afirmaciones opuestas: la enfermedad existe en peces silvestres, pero la transmisión directa desde centros de cultivo no está demostrada, y la condición del hospedador vuelve a aparecer como la variable que decide el desenlace. Es el mismo principio que opera dentro de la jaula.

Una vía de intervención que todavía no se explora en terreno

Si el problema es que la herida abre la puerta, existe una tercera vía además de matar al parásito y de matar a la bacteria: acelerar el cierre de la herida. Es la línea menos desarrollada y la que produjo el hallazgo más básico de este período.

Investigadores del Instituto de Acuicultura de la Universidad de Stirling identificaron en la piel del salmón del Atlántico una población hasta entonces desconocida de células madre mesenquimales de tipo fibroblasto, que cumplen un papel central en la remodelación y reparación del tejido. El objetivo declarado del grupo es desarrollar estrategias que refuercen la integridad tisular y reduzcan las heridas que no cicatrizan, con vistas a mejorar las tasas de mortalidad en cultivo.

Es investigación fundamental, sin aplicación disponible, y presentarla como una solución cercana sería sobreinterpretarla. Su valor para este análisis es otro: confirma que la comunidad científica internacional identificó la cicatrización cutánea como un objetivo de intervención por derecho propio, y no solo como un daño colateral a minimizar.

En paralelo avanzan alternativas biológicas al antibiótico. Bacterias del grupo Roseobacter mostraron capacidad de matar especies patógenas de Tenacibaculum, aunque de manera diferencial entre especies, lo que en un escenario chileno con al menos siete especies del género descritas constituye una limitación práctica evidente. En terapia con bacteriófagos existe un antecedente concreto: el aislamiento de una nueva especie de Tenacibaculum junto con su bacteriófago correspondiente en una hatchery mediterránea, descritos como Tenacibaculum larymnensis sp. nov. y fago Larrie. Son desarrollos en etapa exploratoria, no herramientas disponibles.

Finalmente, un avance de infraestructura científica que condiciona todo lo anterior. En enero de 2026 se publicó un protocolo de infección por baño con T. dicentrarchi capaz de producir mortalidad consistente cercana al 24% entre experimentos, incluso al escalar los volúmenes de baño, cuantificando bacterias viables por citometría de flujo. Los peces infectados desarrollaron úlceras, erosiones orales y hemorragias, con confirmación por PCR. Sin modelos de desafío replicables no es posible comparar prototipos vacunales, probióticos o fagos entre laboratorios, de modo que este tipo de trabajo condiciona el ritmo de todo el campo.

Interpretación Evidencia Vet

Del conjunto de evidencia revisada se desprenden tres observaciones y un límite que corresponde declarar.

La primera es que la separación institucional entre el manejo de Caligidosis y el de Tenacibaculosis no tiene correlato biológico. Se gestionan como problemas distintos, con equipos, presupuestos, indicadores y normativas separados, pero la evidencia noruega y chilena converge en que el evento que dispara el segundo problema es la forma en que se resuelve el primero. Mientras la decisión sobre qué método antiparasitario emplear se tome ponderando eficacia, costo y ventana regulatoria sin incorporar el riesgo bacteriano posterior como variable, esa decisión seguirá optimizando un problema a costa del otro.

La segunda, y es una inferencia propia a partir de los datos del informe del IFOP y no una conclusión que ese informe formule, es que la disyuntiva entre eficacia antiparasitaria y preservación de la barrera cutánea no aparece en los datos disponibles. El método de mayor eficacia promedio registrada en la industria chilena es también uno de los de menor daño documentado. Si esto se sostiene con datos más comparables, implica que parte del daño cutáneo que hoy se acepta como costo inevitable del control parasitario es en realidad evitable sin sacrificar control.

La tercera es que el hallazgo canadiense de julio de 2026 traslada el problema fuera del perímetro de la concesión. Un patógeno que se creía confinado a la producción aparece causando mortalidad en poblaciones silvestres, y hace visible que las evaluaciones de riesgo vigentes en al menos una jurisdicción no lo contemplaban. El ensayo de cohabitación de 2025 impide afirmar que la transmisión desde centros esté demostrada, y esa distinción debe mantenerse. Lo que sí queda establecido es que el supuesto regulatorio de que estas bacterias no afectan peces silvestres ya no puede darse por válido sin revisión.

El límite: no se identificó en la literatura consultada un estudio que mida directamente, con el mismo diseño y en centros chilenos, la incidencia de Tenacibaculosis posterior a distintos métodos de desparasitación. La cadena que este artículo describe se apoya en evidencia noruega sobre Tenacibaculum y sobre Pasteurella, en datos chilenos de eficacia y bienestar recogidos con otro propósito, y en trabajo experimental sobre microbioma cutáneo bajo desafío por baño. Cada eslabón cuenta con respaldo, pero la cadena completa, en condiciones productivas chilenas y con Caligus rogercresseyi, es una hipótesis de trabajo con sustento y no un hallazgo publicado. Establecerla o refutarla requiere un estudio de cohorte con los datos de vigilancia que la autoridad ya recolecta.

Conclusión

La Tenacibaculosis se comporta menos como una enfermedad infecciosa clásica y más como el resultado previsible de una condición del hospedador. La bacteria está presente en el ambiente marino de forma permanente, es atraída por el mucus del salmón esté este sano o enfermo, y encuentra su oportunidad cuando la barrera cutánea se rompe. En la fase de mar de un centro chileno, el evento que rompe esa barrera de manera programada, repetida y planificable es el tratamiento contra Caligus rogercresseyi. La consecuencia es que la elección del método de desparasitación no es solo una decisión de control parasitario, sino también una decisión sanitaria bacteriana, aunque rara vez se tome como tal. El catastro de métodos no farmacológicos que Chile ya elaboró en 2021 contiene, sin habérselo propuesto, la información necesaria para empezar a tomar esa decisión de forma informada, y sugiere que la disyuntiva entre controlar el parásito y proteger al pez es menos rígida de lo que suele suponerse. Lo que falta no es evidencia internacional ni tecnología disponible, sino un estudio chileno que cruce los datos de desparasitación que la autoridad ya recolecta con la incidencia posterior de la enfermedad.

Puntos clave

  • La Tenacibaculosis pasó de 28,5% de la mortalidad infecciosa en salmón del Atlántico chileno en 2022 a 37,9% en 2023, y se situó en 31,5% en 2025 según cifras oficiales.
  • El género Tenacibaculum es un habitante común del ambiente marino: de cerca de cuarenta especies descritas, solo nueve se asocian a enfermedad. En Chile se han confirmado al menos siete especies patógenas.
  • Las cepas chilenas de T. dicentrarchi son atraídas por el mucus del salmón con independencia del estado de salud del pez, de modo que la lesión no genera la atracción sino la vía de entrada.
  • El desafío experimental por baño produjo caída significativa de la diversidad del microbioma cutáneo, con recuperación a los 21 días pero acompañada de inestabilidad comunitaria.
  • La literatura noruega describe la secuencia despioje físico, daño mucosal, mayor susceptibilidad a Tenacibaculum spp. como una cadena causal, no como una coincidencia.
  • En el catastro del IFOP, el baño con agua dulce registró la mayor eficacia promedio en Chile (89,1%, período 2016-2020) sin efectos sobre bienestar descritos y con mortalidad asociada de 0,18%, mientras que los métodos térmico y de luz ultravioleta C dañaron piel, ojos y aletas sin ofrecer eficacias superiores.
  • La desparasitación óptica noruega redujo 50% la probabilidad semanal de tratar, pero toda su evidencia proviene de Lepeophtheirus salmonis y no de Caligus rogercresseyi.
  • Existen cuatro tipos antigénicos distintos de T. dicentrarchi en Chile, lo que complica el desarrollo de una vacuna de cobertura amplia.
  • En julio de 2026 se documentó por primera vez Tenacibaculosis en salmón silvestre capturado en el mar: 16% de 99 Chinook en Columbia Británica, con T. dicentrarchi como agente probable.
  • Un ensayo de cohabitación de 2025 no logró transmitir T. maritimum desde salmón del Atlántico a salmón del Pacífico salvo en peces con condición corporal comprometida, de modo que la transmisión granja a silvestre no está demostrada.

Referencias

  1. González Gómez M, Solano Iguaran J, Pontigo Moenne-Loccoz F, Contreras Lynch S. Estado del arte de los métodos de tratamiento no farmacológicos para la Caligidosis, evaluación de sus ventajas y desventajas y sus posibles aplicaciones en Chile. Informe Final CUI 2020-39-DAC-9. Instituto de Fomento Pesquero, Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, enero de 2021.

  2. Avendaño-Herrera R, Tralma L, Wicki H, Barrios-Henríquez F, Levipan HA. Skin-Mucus Prokaryote Community of Atlantic Salmon (Salmo salar) in Response to Bath Challenge With Tenacibaculum dicentrarchi. Journal of Fish Diseases. 2025;48:e14157. https://doi.org/10.1111/jfd.14157

  3. Zinn K, et al. Tenacibaculosis in wild-caught Chinook salmon (Oncorhynchus tshawytscha) in British Columbia, Canada. Scientific Reports. 2026.

  4. Nowlan JP, et al. Tenacibaculosis Caused by Tenacibaculum maritimum Is Not Transmitted From Atlantic Salmon (Salmo salar L.) to Canadian Chinook Salmon (Oncorhynchus tshawytscha W.) in a Cohabitation Model. Aquaculture Research. 2025. https://doi.org/10.1155/are/3544576

  5. Ruiz Daniels R, et al. Transcriptomic Characterization of Transitioning Cell Types in the Skin of Atlantic Salmon. BMC Biology. 2026.

  6. Experimental protocol for bath infection of Atlantic salmon with Tenacibaculum dicentrarchi: Aiming for target mortalities. Aquaculture Reports. 2026.

  7. Avendaño-Herrera R, Irgang R, Lopez P. Tenacibaculum salmonis sp. nov., isolated from Atlantic salmon (Salmo salar L.) fish farmed in Chile. International Journal of Systematic and Evolutionary Microbiology. 2025. https://doi.org/10.1099/ijsem.0.006963

  8. Irgang R, Mancilla M, Avendaño-Herrera R. Florfenicol and oxytetracycline susceptibility patterns in Chilean isolates of Tenacibaculum dicentrarchi: An emerging pathogen for farmed salmonids. Journal of Fish Diseases. 2021.

  9. Saldarriaga-Córdoba M, Irgang R, Avendaño-Herrera R. Comparison between genome sequences of Chilean Tenacibaculum dicentrarchi isolated from red conger eel (Genypterus chilensis) and Atlantic salmon (Salmo salar) focusing on bacterial virulence determinants. Journal of Fish Diseases. 2021;44:1843-1860. https://doi.org/10.1111/jfd.13503

  10. Esquema de genotipado basado en el clúster O-AGC de Tenacibaculum dicentrarchi. Journal of Fish Diseases. 2025. https://doi.org/10.1111/jfd.14122

  11. Echeverría-Bugueño M, et al. Healthy and infected Atlantic salmon (Salmo salar) skin-mucus response to Tenacibaculum dicentrarchi under in vitro conditions. Fish and Shellfish Immunology. 2023.

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¿Qué significa esto en terreno?

  • Incorporar el riesgo bacteriano posterior al criterio de selección del método antiparasitario, en vez de decidir únicamente por eficacia, costo y disponibilidad de ventana de tratamiento.
  • Registrar de forma sistemática la fecha y el método de cada desparasitación junto a la aparición posterior de lesiones cutáneas, dado que ese cruce de datos es el que permitiría establecer localmente la asociación que la literatura internacional describe.
  • Intensificar la vigilancia clínica de piel, aletas, pedúnculo y cavidad oral en las semanas siguientes a un tratamiento mecánico o térmico, que es la ventana en que la barrera está comprometida.
  • Considerar que el método con mejor desempeño combinado registrado en Chile, el baño con agua dulce, tiene restricciones logísticas de suministro, traslado y permisos que deben resolverse con anticipación y no en el momento de necesitar el tratamiento.
  • Tratar la eficacia actual del agua dulce como un recurso a proteger y no como un dato permanente, dado que existe evidencia de tolerancia a baja salinidad en estadios juveniles y copepoditos que abre la posibilidad de selección de parásitos tolerantes.
  • Exigir validación local antes de adoptar tecnología de desparasitación óptica, porque toda la evidencia disponible proviene de trabajo con Lepeophtheirus salmonis y no con Caligus rogercresseyi.
  • Considerar que los peces limpiadores son susceptibles a la misma enfermedad bacteriana, lo que obliga a incluirlos en la vigilancia sanitaria del centro y no tratarlos como insumo.
  • Interpretar con cautela los resultados de susceptibilidad antimicrobiana obtenidos con metodología de laboratorio de servicio convencional, dado que existe una propuesta técnica de condiciones específicas de incubación y medio de cultivo para esta bacteria.

Cómo citar este resumen

Conejeros, A. (2026). Tenacibaculosis y Caligus: por qué el método con que se despioja decide el riesgo bacteriano. Evidencia Vet. Recuperado de https://evidenciavet.cl/acuicultura/tenacibaculosis-caligus-barrera-cutanea/.

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